El sistema de precios de referencia se somete a consulta pública

Juan Suárez

El Global

El actual sistema de precios de referencia de los medicamentos del Sistema Nacional de Salud, alcanzada su mayoría de edad, empieza a mostrar claros síntomas de agotamiento. Pese a los numerosos retoques de los que ha sido objeto en las dos décadas que han transcurrido desde su implantación en nuestro país, su arquitectura normativa no permite dar una respuesta satisfactoria a la incorporación de medicamentos complejos como los biosimilares. Y, por si ello fuera poco, la progresiva erosión de los precios que propicia actualmente está forzando la salida de la prestación pública, por falta de rentabilidad, de productos no tan modernos pero que proporcionan un alto valor añadido al paciente debido a las innovaciones incrementales introducidas. La apertura de un periodo de consulta pública, anunciada la semana pasada por el Ministerio de Sanidad, y de la que se ha hecho oportuno eco este periódico, ha sido una noticia lógicamente bien recibida por el sector.

En la presentación de la consulta, el Ministerio de Sanidad identifica las líneas maestras sobre las que se articulará la reforma que está proyectando. Su intención de incorporar el criterio de la clasificación ATC para la determinación de la identidad de los principios activos de los productos incluidos en un mismo conjunto, resulta, cuando menos, bastante discutible; pero lo que sin duda es una excelente noticia es que se articularán criterios objetivos y transparentes para la adopción de las decisiones sobre este particular, así como sobre la identidad de las presentaciones del conjunto en términos de vía de administración. El legislador deberá hilar muy fino, ya que las nuevas reglas deberán respetar lo dictaminado por los tribunales para aquellos casos, por ejemplo, en los que la agencia evaluadora competente haya identificado como distintos los principios activos de dos presentaciones que se pretendan incluir en el mismo conjunto.

La segunda gran novedad es que se facilitará la constitución de conjuntos diferenciados para presentaciones que incorporen el mismo principio activo, pero con diferentes dispositivos de administración, forma farmacéutica, o vía de administración específica, siempre que ello suponga una ventaja clínica relevante. Golpe de timón que resulta del todo imprescindible para evitar la salida de la financiación pública de productos con dispositivos de administración altamente sofisticados, por ejemplo, a los que hasta ahora se viene incluyendo en el mismo conjunto que otras presentaciones más antiguas condenándolos a la inviabilidad económica. Es de desear que una solución similar se adopte para presentaciones con el mismo principio activo, pero con posologías muy diferentes, respecto de las que no cabe establecer una Dosis Diaria Definida común.

Como era de esperar, también se propone modificar al alza el precio de referencia mínimo que puede asignarse a una presentación, el cual resulta insuficiente en la actualidad para evitar estos efectos indeseables del sistema. Además, también se pretende fijar las informaciones del nomenclátor que podrán ser de acceso público.

Un buen ramillete de propuestas en la dirección correcta. Aunque con alguna sombra, la propuesta con seguridad contribuirá a establecer un equilibrio más racional que el actual entre el legítimo objetivo de ahorro y los imprescindibles estímulos a la innovación. Esta última, conviene no olvidarlo, repercute siempre en última instancia en beneficio del agente más vulnerable del sistema, el propio paciente. Crucemos pues los dedos.

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